viernes, 12 de febrero de 2010

PEÑON BLANCO GIGANTE DE GRANITO


PEÑON BLANCO GIGANTE DE GRANITO.

Todo inició con una invitación de Olaf Vargas amigo e integrante del grupo Tierra Norte para hacer un ascenso al cerro de Peñón Blanco, a lo cual yo inocentemente acepté. La región de Peñón Blanco tiene su historia y como lo comprueban los sitios de pinturas rupestres “El Banco” y “La Cueva Pinta”, las hachas de piedra, puntas de flecha y demás utensilios que se han encontrado alrededor, esta no inicia con la llegada de los españoles, sino cuando menos 6000 años antes de Cristo con la presencia de grupos humanos en el área. Fueron varias las tribus de Indígenas que habitaban la región del semi-desierto y los podemos considerar a estos Chichimecas pues todos eran nómadas y más o menos seguían un ciclo alimenticio natural que consistía en estar a tiempo en donde había comida, y así cosechaban lo que dios y la naturaleza les brindaban, además de lo que podían cazar. Cuando arriban los Españoles en 1560 y tantos, tenemos a tribus de Tobosos, Zacatecos, Babosariguarmes y Mezcaleros, mismos que poco después fueron diezmados por las terribles enfermedades que la conquista trajo consigo, virtualmente extinguiendo a varias de ellas.

El poblado de Peñón Blanco es oficialmente fundado el 4 de octubre de 1599 y de ahí en adelante son los españoles los que marcan el paso de desarrollo de la región, mismo que no fue nada fácil pues estaban constantemente expuestos a los ataques de los Indígenas de la Gran Chichimeca y luego ya en los 1800 de los Indios Apaches. Es precisamente en la ultima parte del siglo XIX que Peñón Blanco se industrializa y sale a relucir Juan Nepomuceno Flores como el hombre quizás más importante en la historia del lugar, pues fue dueño de varias haciendas y lo más importante, de las fabricas de textiles que fueron muy exitosas a mediados del siglo, y hasta que durante la revolución, fueron quemadas por los trabajadores.

La fecha de salida mayo 12, llegó rápidamente y así el viernes como a las 3 de la tarde partimos hacia Peñón Blanco, el grupo se componía de integrantes tanto de Tierra Norte como de Aventura Pantera y dos horas y media mas tarde ya andábamos en el poblado preguntando por Don Genaro Pulido historiador de la región, quien amablemente nos enseñó el Museo Comunitario que está dentro de la Presidencia Municipal, antigua casona de Juan N. Flores y mas o menos nos dio las direcciones para llegar primero a Nuevo Covadonga y luego a la base del Cerro de Peñón Blanco donde iniciaría nuestra aventura. Por ahí un poco antes de anochecer llegamos a la base y montamos campamento al pie de unos antiguos árboles de Mezquite.

Las cinco de la mañana es inhumanamente temprano para andar en pie, pero se había acordado salir temprano así que desayunamos y ya para antecitos de las 7 AM y a 1750mts sobre el nivel del mar, salimos caminando hacia nuestro objetivo. Más o menos una hora y media después nos encontrábamos junto a una gran piedra tamaño casa quebrada a la mitad (2090 mts. s.n.m.) donde están las pinturas rupestres del “Banco” y un sencillo cuaderno con pluma y todo para que te apuntes. Por ahí echamos nuestro último bostezo de la desmañanada, e iniciamos lo que iría a ser un súper mega esfuerzo.

Yo tenia mis dudas pues no había echo nada de ejercicio y no traía condición alguna, pero lo extremadamente extraño y bello del paisaje me quitaron algo de la aprensión. El cerro que por cierto es el único peñón de granito que tiene el Estado, parece un gran monumento a lo majestuoso de la naturaleza, ya más de cerca, lo ves, y no das crédito a tus ojos de lo empinado que se ven las pendientes y de hecho se te “enchina” el cuero nada más de ver lo que por el momento consideras imposible. El padre de Olaf, Don Jesús Vargas y él mismo, ya habían hecho el ascenso e iban dirigiendo nuestros pasos. De las ocho rutas más o menos establecidas para ascender, seguíamos la tercera, pero eso no quiere decir que es un caminito ni que esta marcada, sino que tienes que ir buscando el paso por entre los enormes bloques de piedra y seguir unas como gigantescas lozas bastante parejas y asperas, que llevan hacia arriba como hasta un tercio del ahora si, muy pero muy abrupto camino.

Ahora que no nada más ibas caminando y ya, claro que no hay agua, así que tienes que cargar toda la que te vas a tomar que pueden ser mas de seis litros, además de que llevas todo tu equipo, arnés, cuerdas y demás fieros, comida, suplementos y casi lo más importante la cámara.

Vas cargado y de subida, el peso de la mochila se multiplica en serio por el jalón de la gravedad que te trae desquiciado, así que poco a poco vas, más que caminando, gateando hacia arriba. Por ahi como a la mitad o un poco menos, en una covacha o medio cueva, dejamos la mitad del agua y comida para el descenso, también dejabas lo que te habías traído de más que siempre suelen ser varias cosas.

De aquí (2300 mts s.n.m.) en adelante las cosas se pusieron serias, Olaf hizo una escalada libre para afianzar una cuerda en unas placas que alguien había dejado anteriormente y los demás subimos por cuerda hasta una chimenea o algo así como una grieta que nos llevaría hasta arriba. Esto de chimenea se llaman así por que eso parecen y uno haciendo presión entre las paredes del dúcto de tres lados, se va jalando hacia arriba. Bueno déjenme decirles, que gracias a dios no le tengo miedo a las alturas, pero quiero que sepan que esto impresiona a cualquiera, la adrenalina debido al esfuerzo que haces está al máximo, el riesgo de caer por el precipicio resultaría casi de seguro en multi-fracturas o algo peor, así que el sentimiento es de terror puro.

Hasta ahora la vista del paisaje allá abajo con la luz del sol amaneciendo, iluminando poco a poco toda la región estaba verdaderamente hermoso y es lo único que medio te daba un descanso de las emociones fuertes que ibas sintiendo. Paso a paso subíamos un poco más y mas valiéndonos de todas las posturas y puntos de apoyos que nos podíamos imaginar y que tu cuerpo podía aguantar para subir y subir y que horror. En un momento en que llegué a un lugar estrecho donde no pasé por culpa de mi esbelta figura ( la panza) que me trae como 7 kilos arriba de mi peso normal y tuve que usar a un arbolito donde me tenia que afianzar y estaba lleno de hormigas que se te subían por todos lados, pero no te las podías espantar, pues o te agarrabas o te agarrabas y todas las hormigas picándote las manos y ante brazos, estaba canijo.

Seguimos hacia arriba y el grupo se separó un poco pues Luis, Olaf, su hermano y padre estaban ayudando a subir a nuestro camarógrafo de video Beto, y esto los estaba retrasando así que nosotros continuamos sin cuerda a la parte más pero mucho más inclinada de la grieta que seguíamos hasta estar casi en vertical, ya estábamos casi en la cima y no había nada que nos parara. Uno de los lugares que pasamos brincabas un poquito para alcanzar la otra orilla pero debajo de ti había cuando menos unos cien metros, de manera que sentías en lugar de mariposas, un panal de abejas en el estómago. Un brinco más y salías de nuestro tubo ya arriba a un paisaje verdaderamente increíble. Estuvimos ahí el Mike, Carlos y yo, un rato absorbiendo el momento, compartimos un lonche, eran las tres de la tarde, teníamos 8 horas de intenso esfuerzo, se puede decir extremo y por fin estábamos arriba. Un halcón peregrino molesto por nuestra incursión estaba como loco volando por todos lados gritando su descontento pues su nido estaba cerca y unas cuantas auras y zopilotes estaban planeando en las corrientes de aire sin mover una sola pluma. Era increíble. Luego ya nada más para llegar subimos los veinte pasos que nos faltaban para la cima y nos congratulamos (2500 mts.s.n.m.). Los compañeros no venían más que un poco más atrás y también llegaron a la cima donde ya todos nos tomamos fotos y apreciamos el impresionante paisaje.

Recordé a mi hijo Charlie que tanto le gustaban estos momentos y sentí que estaba conmigo, le saludé como solía hacerlo él y le agradecí a Dios su bendiciones; ya era hora de partir nuevamente hacia abajo. Como pasa el tiempo de carrera cuando no quieres y aun cuando la vista era inmensa pues podías ver todo a los alrededores, teníamos que iniciar el descenso, se trataba de bajar lo más difícil de día pues en sólo cuatro horas vendría la noche y para que quieres. Por seguridad en la bajada, decidimos hacerlo todos por cuerda rapeleanado, traíamos el equipo para hacerlo y era mucho más conveniente así.

El sistema era seguro pero tardado y la noche nos agarró donde habíamos dejado el agua y comida extra, nos dio gusto el descanso, ahí mismo nos salió la luna, detrás de un risco y también se lo agradecimos, pues sería mucho mas fácil con su luz que aun cuando tenue, en conjunto con las lamparitas, veríamos bien.

Como para las 1 AM de la madrugada, ya estábamos abajo y de la piedra de las pinturas a el campamento base nos tomó dos horas, bueno también era por el cansancio, teníamos 20 horas de esfuerzo continuo y extremo y venia tronado, en cuanto llegué eran las 3 A.M. saqué mis cobijas, me tomé un refresco y caí dormido.

La mañana me llegó como a las 9 AM, pajaritos cantando, la luz tenue del sol subiendo, los compañeros haciendo relajo, no tardamos mucho en desayunar, empacar y subir todo al autobús de aventura pantera para salir rumbo a “La Concha”.

Llegamos en poco tiempo después de algunos contratiempos y apenas había metido el freno de mano del camión cuando todos se fueron apresuradamente a echarse a la excelente agua del balneario. Si no lo conecen se los recomiendo, el agua tiene una temperatura excelente y una pureza absoluta. Por ahi nos vemos.

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